Más de quinientos inmigrantes judíos llegaron a finales del siglo XIX a la Colonia Mauricio, cerca de Carlos Casares. Llegaban con la esperanza de dejar atrás las persecuciones, el hambre y la pobreza a las que los confinaba la Rusia zarista. Pocos sabían lo que significaba vivir en el campo y las destrezas que implica el trabajo rural: pertenecían a zonas urbanas de tres regiones rusas.